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Hay preguntas que solo se hacen en diciembre (y pueden cambiar el próximo año).

LIDERAZGO
18 de diciembre de 2025 por
MONICA MARLEN URBANO RAMIREZ



Mónica Urbano

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Diciembre tiene algo especial. No porque los desafíos disminuyan -al contrario- sino porque, por primera vez en mucho tiempo, el ritmo baja lo suficiente como para pensar con más claridad.

Durante el año estamos enfocados en resolver, avanzar y priorizar lo urgente, pero diciembre cambia ese ritmo. Por primera vez en mucho tiempo, tenemos algo de espacio para pausar y mirar con perspectiva.  Es ahí cuando surgen preguntas distintas, que bien planteadas y desarrolladas, pueden cambiar cómo se diseña y se empieza el próximo año.

En mi experiencia, hay tres tipos de preguntas que solo se hacen cuando el año se está cerrando. Y no porque no las sepamos, sino porque durante el año no siempre hay espacio -o voluntad- para enfrentarlas.

1.¿Para qué estamos haciendo lo que hacemos?

No me refiero al propósito que aparece en una presentación, sino al que realmente se vive en el día a día.

Cuando en diciembre miramos el año completo, es inevitable preguntarnos si las decisiones que tomamos estuvieron alineadas con lo que decimos que nos importa, si lo que priorizamos tuvo sentido y si el esfuerzo del equipo estuvo bien enfocado.

Es una pregunta que podría ser incómoda, sí, porque nos enfrenta a la distancia entre lo que declaramos y lo que realmente practicamos, pero también es la que más claridad aporta para mirar hacia el año que viene.

2. ¿Tenemos el equipo que el próximo año nos va a exigir?

Cerrar el año también implica mirar al equipo con honestidad. No para evaluar personas, sino para revisar cómo está armado el equipo.

Desde ahí aparecen preguntas inevitables, que conviene hacerse antes de empezar el siguiente año:

  • ¿El equipo actual está preparado para los desafíos que vienen?
  • ¿Las capacidades están bien distribuidas?
  • ¿Hay roles que crecieron… y otros que quedaron desdibujados?

Diciembre es el momento para revisar si la forma en que el equipo está organizado sigue respondiendo a lo que el negocio va a exigir. Más aun tomando en cuenta que lo que no se revisa ahora suele pasar factura durante el siguiente año.

3. ¿Qué aprendimos de verdad?

No me refiero solo a lo que salió bien, sino a aquello que nos obligó a ajustar.  Los errores, las decisiones que no funcionaron y los proyectos que se quedaron a medio camino también dejan aprendizajes, pero solo si nos damos el tiempo de mirarlos con honestidad.

El aprendizaje no ocurre automáticamente cuando el año termina, sino cuando nos detenemos a ponerlo sobre la mesa, a nombrarlo y a asumirlo; y esa conversación, muchas veces, empieza en diciembre.

Por eso considero que diciembre no es solo un cierre, sino un momento clave para decidir con más intención cómo queremos liderar, con qué equipo y desde qué aprendizajes vamos a construir el próximo año.

Recuerda, el 2026 no empieza en enero. Empieza ahora, en las preguntas que nos animamos -o no- a hacernos en este cierre de año.

Quiero cerrar este artículo, con mi deseo de que tengan una hermosa Navidad y estos días sean una oportunidad para pausar, reflexionar y hacerse las preguntas que realmente importan hacia un 2026 extraordinario en lo personal y profesional.

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