Ángeles Madrigal
Executive Search Member INAC Global, Diversity & Inclusion Strategist, Coach Ontologico, People Growth, Conferencista, Advisory Board, Desarrollo de Líderes.
Algo que he aprendido con el correr de los años es que puedes tener la mejor estrategia, los procesos más eficientes y el plan más detallado. Pero si tu equipo no cree en lo que haces, nada de eso importa.
Es común que como líderes nos enfoquemos en alinear objetivos, estructurar planes y asegurar la ejecución. Sin embargo, hay un factor que muchas veces subestimamos y es la creencia real de nuestro equipo con el propósito que estamos construyendo como empresa. Porque cuando un equipo cree en lo que hace, confía en su líder y comparte el propósito, la dinámica cambia por completo.
Trabajando en Executive Search y Consultoría con empresas de diferentes sectores y tamaños, he podido presenciar la diferencia entre equipos que simplemente siguen instrucciones y aquellos que realmente están comprometidos con lo que hacen.
- El primer grupo ejecuta, cumple con lo que se les pide, pero sin un verdadero sentido de propósito ni sentido de pertenencia.
- El segundo grupo actúa con energía, busca soluciones y lleva la iniciativa porque siente que su trabajo tiene un impacto real.
La diferencia entre ambos no está en las habilidades ni en la capacidad. La diferencia está en la conexión con el propósito. Y esa conexión no se impone, se construye.
Como CEO de Strategic Talent y Accelerate DEI/TALENT y experiencias vividas, he aprendido sobre cómo lograr que un equipo crea. Definitivamente, la confianza y la convicción no se generan con discursos motivacionales. Se construyen a través de la coherencia, la claridad y la forma en que lideramos en el día a día.
Para empezar, el “por qué” es más importante que el “qué”. He visto la diferencia entre pedirle a alguien que haga algo y explicar por qué es importante. Cuando las personas entienden la razón detrás de una decisión, su compromiso es mucho más fuerte. Si solo ejecutan órdenes, estarán cumpliendo; si comprenden el propósito, estarán creando.
Por otro lado, la gente no sigue palabras, sigue ejemplos. No podemos pedirle a nuestros equipos que crean en algo sino lo hacemos nosotros mismos. La coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos define el nivel de confianza que generamos. Cuando he sido clara y consistente con mi propósito y visión, he visto cómo el equipo responde con la misma energía.
Asimismo, cada rol tiene un impacto, y es nuestra responsabilidad mostrarlo. No debemos dar por sentado que todos ven valor en su trabajo. Pero lo cierto es que muchas veces las personas necesitan una conexión clara entre lo que hacen y el propósito mayor. Cuando ayudé a ver a mi equipo esa conexión, vi cómo su compromiso creció exponencialmente.
Lo cierto también es que la magia no ocurre cuando el equipo solo ejecuta instrucciones. Ocurre cuando sienten que sus ideas, su criterio y su creatividad tienen un impacto. Y eso significa hacer algo que puede ser incómodo para muchos líderes y es ceder el control. Cuando dejé de querer tener todas las respuestas y abrir más espacio para que el equipo aportara las suyas, vi cómo la innovación surgía de manera natural.
Finalmente, uno de los errores que más veo en líderes es enfocarse solo en los grandes logros y olvidar reconocer el camino recorrido. Pero cuando celebras el avance, estamos creando un entorno donde el esfuerzo y el aprendizaje también son valorados. Y eso mantiene la motivación viva.
Si hay algo que quiero dejar como aprendizaje en este artículo es que el liderazgo real no se impone, se contagia. Cuando el equipo cree en lo que hace, no necesita ser empujado constantemente. Trabaja con pasión, con autonomía y sentido de pertenencia … y cuando cree en ti como líder, en lo que están construyendo juntos, ahí es cuando realmente ocurre la magia.